Rattus modernus

Un cuento de Alex Burrett

Soy una rata. Una rata común. Una rata de alcantarilla. Rattus norvegicus. Actualmente mi especie está pasando por un momento de mierda así que estuve pensando bastante en desarrollar una solución evolutiva. Es posible que tengas la idea errónea de que la evolución es un proceso gradual, debido a la influencia de esas ilustraciones sobre monos que se van convirtiendo en hombres y peces que van desarrollando miembros. En realidad, la evolución no es un proceso gradual y por eso nunca encuentran los eslabones perdidos. La evolución ocurre por saltos. Por ejemplo, nace una criatura tipo antílope con cuernos exageradamente grandes. Esos cuernos no sólo no son de mucha ayuda para la supervivencia, sino que además son una carga para la criatura cuando trata de escapar de los leones. Por lo tanto, el gen de los cuernos largos no se pasa a las generaciones futuras. Ahora otra criatura tipo antílope nace con un cuello exageradamente largo que le permite alcanzar hojas nutritivas que los demás no alcanzan. Esta sección vertebral extendida no representa ninguna vulnerabilidad extra. Y listo, ya entraste en el territorio de las jirafas. Si estudias el tema con más profundidad, vas a descubrir que no se agota ahí. Más que esperar que una mutación rara te llegue por casualidad, podés actuar proactivamente para alentar y dar forma a tu propio desarrollo evolutivo. Todo lo que se necesita es un poco de conocimiento y un gerenciamiento cuidadoso. En términos llanos, la evolución se parece a empezar una relación: alguien tiene que dar el primer paso. Si te gusta alguien, invitalo a salir. Si te gusta evolucionar, tenés que hacer la ingeniería necesaria para impulsar las fuerzas evolutivas en la dirección correcta. Y no hay área de la evolución donde los beneficios se vean más rápidamente que en la simbiosis. Y el área más exitosa de todos los ejemplos posibles de evolución simbiótica en la historia de la vida en la tierra es la domesticación. Pensá en los perros. Descienden de los lobos. Y miralos ahora, distribuidos por todo el planeta en todo tipo de forma y tamaño. Se pasean como si fueran los animales más piolas. “Ah, mírenme. Soy un perro. Ando con humanos. Nos juntamos cuando ellos todavía andaban villeando en las cavernas. ¿No te parece que somos los más inteligentes?” El cuidado de los caninos mueve una industria millonaria. Hasta hay perros estrellas de cine. El mejor amigo del hombre. Pero para mí los inteligentes no son los perros de hoy que desfilan y obedecen silbatos silenciosos. Los que yo admiro de verdad son esos lobos que fueron los primeros en elegir aliarse con cazadores humanos. En aquella época, los humanos podrían o bien haber cazado a los lobos o bien esconderse de los lobos. Pero esos lobos calcularon que habían ventajas en estar cerca de los hombres. Este conocimiento se lo pasaron a sus acicalados descendientes. Los perros deben agradecerle eternamente a ese grupo de lobos pioneros. Pero no son los únicos beneficiarios de la domesticación. Muchos otros animales se beneficiaron por mezclarse con los humanos. Los gatos son contendientes obvios. Por motivos personales, me cuesta cantarle loas a sus primeros ancestros pero, objetivamente, debo decir que los felinos salvajes primitivos la hicieron mejor todavía que los lobos. Los gatos modernos se las ingeniaron para mantener parte de su herencia, como cazar y otros instintos salvajes, al prostituir su cariño a cambio de casa y comida. Debe requerir un esfuerzo genético increíble mantener esas tradiciones vivas a través de las generaciones. Tanto como detesto a esa especie, admiro su determinación. De mala gana tengo que admitir que son mi modelo. Como ellos, quiero que mis descendientes tengan cubierto el tema casa y comida, pero con la libertad de expresión que aun conservan. De hecho, quiero que el estatus de mi descendencia y el equilibrio domesticación/tradición sea mejor todavía que el de los gatos y no estoy soñando despierto. El peor error que en este momento están cometiendo los animales salvajes es creer que las oportunidades para volverse ganado están acabadas y la puerta del establo está cerrada. La puerta de la evolución nunca se cierra. Nunca es demasiado tarde para cambiar. Todo lo que se necesita es dar el primer paso en la dirección correcta. Si pudieras mirar atrás en la evolución de cualquier especie, en algún momento encontrarías a un individuo que, por alguna razón, dio un paso en una nueva dirección. Si hay algo que podés decir sin lugar a dudas sobre la evolución es que está siempre cambiando. La evolución es como un campeón mundial de boxeo, nunca se queda quieto. Yo soy un campeón así. Una rata campeona. Así que estoy haciendo esa primera movida. En el futuro, cuando estudien la popular y exitosa especie de rata doméstica Rattus modernus, me van a encontrar a la vanguardia. Voy a dar origen a especie completamente nueva de rata. Quiero que mis descendientes tengan perspectivas que superen la imaginación de mis contemporáneos. Quiero una porción del pastel de domesticación para mi descendencia. Si tenés hijos, sabés que darles lo mejor te hace sentir orgulloso. Si sabés que además tu empresa aseguró un futuro positivo para tus nietos, estás más orgulloso todavía. Imaginate entonces el orgullo especial de saber que estás aportando una ventaja específica para una especie entera, que todos ellos son el fruto de tu esfuerzo.

Soy bastante grande. Eso es importante. Mis estudios revelaron que tenés que alcanzar cierto tamaño antes de que los humanos te acepten en la categoría de “animales domésticos potenciados”. Si sos demasiado chico, te meten en una jaulita, lo cual no constituye una relación mutuamente beneficiosa de domesticación. Si sos demasiado grande, te dejan en el campo o te meten en el establo, y te pasas la vida transportando las cargas de los humanos hasta que te jubilan y sos comida para perros. Los animales grandes, por su propia contextura física, quedan excluidos del sito humano sacro santo: la casa. Por ahora mis planes van bien. Tengo buen tamaño. Mi gen de grandes dimensiones fue exitosamente transmitido a varios de mis pibes. En el ambiente adecuado, con una dieta rica en proteínas, las futuras generaciones serán todavía más grandes. Después de unas pocas generaciones bien direccionadas, mis descendientes podrían ser todavía más grandes que un gato promedio o el ridículo perrito faldero. Por el lado del estatus, eso ayuda.

Suficiente teoría por el momento. Vayamos a la acción. Yo soy grande y vivo con un tipo grande. Para ser honesto, aunque un poco desleal, el tipo es gordo. Voluminoso. Morbosamente obeso. Además, es muy vago y sus patrones de higiene dejan mucho que desear. No tiene un solo amigo humano. Pero, como a todos, le gusta la compañía. Quiere que lo quieran. Todas estas características son ideales para el éxito de mi plan. Por eso lo seleccioné. Nadie va a venir a interferir acá. Eso significa que podemos trabajar nuestro desarrollo mientras él se va beneficiando de nuestro trabajo. Heredó la casa, así que va a vivir acá hasta que se muera. Se alimenta de comida chatarra que vuelca por todos lados y nunca limpia. La casa está en un lamentable estado de abandono, así que hay agujeros por todos lados que proveen acceso ilimitado a mi extensa familia. También recibe amor de nosotros. Nos turnamos para ovillarnos en sus voluminosos muslos, creando por un momento cráteres de carne cubiertos de algodón mientras nos acaricia. El gordo es perfecto. Prácticamente lo adoramos. Le decimos Titán. La primera fase de mi plan evolutivo va encontrando su camino. La segunda fase es establecer una relación entre especies con él en la casa. La tercera fase es tanto práctica (ampliar nuestro hábitat) como promocional (crear las condiciones para la expansión de nuestro movimiento). En la fase tres nos mudamos. Ahí es cuando mi descendencia se pone en contacto con una población humana más amplia. Esta fase implica encontrar más gordos perdedores o especímenes igualmente patéticos a cuyas vidas podamos agregarle valor. Nos vamos a expandir por el mundo, cuadrúpedos buscando padres, siguiendo las huellas de los humanos pioneros de tiempos pasados. Y cuando nuestro movimiento gane impulso, cuando más gente vaya escuchando de nosotros, vamos a tener que tener que hacer un trabajo muy bueno de relaciones públicas. Tenemos que sacarnos de encima la mala fama que nos hicieron durante los últimos siglos. Las relaciones públicas hacen toda la diferencia en este mundo moderno. Para construir una imagen positiva, se necesita un buen gancho. Los primeros perros fueron los “compañeros de caza” y los “guardias de seguridad”. Ayudaban a cazar y protegían la vivienda. Los gatos eran los “eliminadores de roedores” que prometían mantener a mis hermanos y a mí bajo control, bastardos. Pero ninguna especie doméstica, debido a que dieron el primer paso evolutivo hace miles de años, está preparada para los grandes problemas del hábitat humano moderno: los desperdicios orgánicos y los insectos. Nosotros sí. Aunque nos demoramos en entrar al juego de la domesticación, ahora contamos con muchas ventajas y somos los animales mejor equipados para enfrentar estos desafíos modernos. Y si lo hacemos bien, vamos a ser las bestias estrella y los humanos van a abandonar a sus aliados históricos para volcarse en nuestro favor.

Ningún humano quiere que haya bichos en su casa. Quieren vivir en ambientes prácticamente estériles. Las cucarachas, las hormigas y las arañas son los nuevos parias, los nuevos parásitos, los nuevos depredadores. Los pesticidas son caros, de efecto temporario y cada vez más se los considera poco amigables con el medio ambiente. Los humanos quieren soluciones verdes para todo y qué puede ser más ecológico que un animal naturalmente adaptado para resolver sus problemas. Nosotros no sólo somos animales perfilados idealmente para la sustentabilidad ambiental, sino que además estamos realmente comprometidos con la misión y vamos hasta el fondo de la cuestión. Está en nuestra naturaleza investigar cada rincón y grieta. Vamos a cubrir tan bien las esquinas escondidas que nunca más van a tener que agacharse para limpiar. Si bien es cierto que nuestro anfitrión es excepcionalmente vago y haragán para mantener el orden en su casa, la verdad es que no es radicalmente distinto del resto de la colonia global. A toda su especie le obsesiona ahorrar esfuerzo. Si se les ofrece una forma de no hacer un trabajo que en primer lugar nunca quisieron hacer, van a estar más que felices de no tener que volver a hacerlo nunca más.

Mi familia y yo comemos los bichos de Titán. Probablemente él sea uno de los individuos más antihigiénicos del planeta, pero en su casa hay menos bichos que en la más inmaculada sala de hospital. Además nos ocupamos de los desperdicios orgánicos. Consumimos cada bocado de comida que escapa de la voracidad de su boca. Eliminamos cada miga que queda en los envases de comida rápida. Nos comemos hasta los huesos. Todos los días le lamemos el inodoro hasta dejarlo reluciente. No hay ni una manchita de materia orgánica en sus ollas o sartenes. Hasta nos comemos el papel higiénico que tira en el dormitorio.

Aunque el cuidado de Titán genera una gran cantidad de trabajo, establecí la regla de que no más de cien de nosotros deben estar en la casa al mismo tiempo. No quiero que piense que lo estamos invadiendo. Tiene que sentir que bajo su techo se hospeda sólo la cantidad de personal estrictamente necesaria para cumplir la tarea. La primera regla de la domesticación es hacerles creer a los humanos que le estamos haciendo un favor. Los humanos tienen egos sensibles. Infláselos y te van a adorar; abolláselos y te van a rechazar. La regla de los cien nos dio un orden social completamente nuevo. Tenemos guardias en la entrada que cuentan cuántas ratas entran y salen. Tenemos mensajeros para mantener abiertas las líneas de comunicación entre los guardias y distintas locaciones. Hay inspectores y capataces. Además de todas las designaciones permanentes como las mencionadas, hay muchos puestos temporarios para tareas específicas que se presentan según lo que requieran las circunstancias. Estas funciones incluyen almacenamiento, construcción de nidos, mantenimiento de caminos, ese tipo de cosas. Incluso tenemos una fuerza policial. En realidad, es más bien una turba linchadora, de formación bastante espontánea, compuesta por los tipos más recios de la colonia. Si bien ésta es una aproximación bastante grosera al problema de la seguridad, hay que tener en cuenta que sólo estamos en los albores de nuestra cultura. Las cosas se volverán más refinadas a medida que las generaciones mejoradas genéticamente se sucedan unas a otras como las actualizaciones de las computadoras. Creo que se entiende la idea. Somos una generación nueva de ratas, coordinadas y de cara al futuro. Enfocadas. Entrenadas. Comprometidas. Somos interactivas y afectuosas. Comemos insectos. Comemos desperdicios orgánicos. Mantenemos la casa de Titán a flote. Me encanta la ironía de la frase, porque hicimos abordaje y rescatamos la nave apestosa y naufragante que era este chiquero de casa.

El status quo no va a durar para siempre. Un día Titán se va a morir. Con la clase de basura que se mete, el ataque cardíaco no puede estar muy lejos en años humanos. Ahí es cuando termina la fase dos y empieza la fase tres. Personalmente no hay nada que me gustaría más que poder presenciarla. Pero con la expectativa de vida tan baja que tenemos actualmente, es muy probable que me haya ido mucho antes. Sin embargo, soy realista y me anticipé a esa eventualidad. Los planes para la próxima fase ya están completamente elaborados. Di instrucciones para que cuando Titán estire la pata sea el momento de moverse. Para cuando Titán crepe vamos a ser miles, muchos de ellos viviendo en las alcantarillas. La orden es que se formen tantos grupos sustentables como sea posible. Cada grupo debe contar con suficientes representantes de cada disciplina. Estas comunidades autocontenidas y pioneras tienen la misión de salir a buscar nuevas fronteras y encontrar sitios huéspedes adecuados. No nos podemos ni vamos a quedarnos en la guarida de Titán esperando que vengan a felicitarnos. Los equipos médicos humanos y los especialistas en mudanzas no van a entender inmediatamente nuestro rol. Esos grupos son antirratas fundamentalistas. Tenemos que estar bien lejos cuando ellos lleguen. Los científicos forenses van a ser nuestros heraldos. Van a quedarse perplejos ante el contraste entre los claros signos del estilo de vida inmundo de Titán y la condición impecable de su casa. Enfrentados a este dilema, van a ser profesionalmente inquisitivos. Van a investigar. Van a sopesar la evidencia y los cuentos anecdóticos, y van a sumar dos más dos. Sin importar lo improbable que pueda parecer, la única solución posible a la que van a llegar es a que fuimos nosotros, Rattus modernus. Van a oler, y detectar, una rata. Aún si intentaran ocultarlo, las noticias del extraordinario descubrimiento de a poco se filtrarían. Para ese entonces, ya estaremos sirviendo a otros clientes. El descubrimiento futuro de nuevos proyectos exitosos va a fortalecer y amplificar nuestra nueva reputación. Vamos a proliferar y nuestra estatura va a aumentar con cada nueva historia positiva. Nuestra acción eventualmente pasará de ser un mito urbano a convertirse en una realidad aceptada. Para cuando los humanos estén listos para aceptar los servicios de mis descendientes evolucionados selectivamente como socios en la lucha contra la mugre, vamos a estar en todos lados, combatiendo el caos y las invasiones de insectos en cientos de lo que una vez fueron escuálidos hábitats humanos. El último paso para completar la tarea será el salto de apoyar a formas de vida marginales a pasar a formar parte del mainstream. Ése es otro momento que me encantaría poder ver, el punto en que dejamos de corretear en las sombras como un movimiento underground. Debemos convertirnos en lo que todos quieren tener. Seremos considerados el ejemplo más exitoso de domesticación de la historia o, como yo prefiero llamarlo, de la “Interdependencia Humano/No-Humano”. Para ese entonces, yo seré historia antigua. Pero mi genoma seguirá vivo. Seré el padre de una nueva y gran especie. Las ratas modernas y los humanos vamos a florecer juntos, unos con otros. Seremos parte vital de una nueva y duradera época humana. Mirando más allá en el futuro, no veo razón para convertirnos en amos del planeta una vez que ellos se hayan autoaniquilado. Tendremos la organización, el número y el know-how para heredar la Tierra. Si mi plan inicial funciona, demostrará que tenemos el potencial para responder rápidamente a las circunstancias cambiantes y que podemos evolucionar nuevamente. Si uno de mis descendientes hereda mi habilidad para combinar una gran visión de futuro con un liderazgo fuerte, podría iniciar una nueva progresión y conducirnos a buscar un nuevo nicho de mercado. Dentro de un millón de años podríamos convertirnos en Rattus erectus. Mis descendientes podrían sentarse en la cima de la cadena alimenticia. Y cuando los Rattus erectus rastreen los orígenes de la herencia genética, me encontrarán a mí, el origen de todos sus éxitos. Van escribir libros sobre mí, van a hacer películas sobre mí, tal vez hasta construyan monumentos en mi honor. Seré considerado el visionario más grande de todos los tiempos, el instigador original del triunfo de la especie. Seré su padre, su benevolente über-ancestro, su dios. Pero ahora, en este preciso instante, el gordo bola de sebo acaba de clavarse una paja y tiró al piso el pañuelo de papel gelatinoso que usó para limpiarse. Es hora de hacer mi tarea y empezar a engullir.

Copyright by Alex Burrett.
Traducido por Gabriel Frenzotti.

* * *

Alex Burrett es uno de los escritores más imaginativos que andan dando vueltas por ahí. Su obra hasta el momento no fue traducida al español. Alex Burrett amablemente autorizó la publicación en Frenzo’s de este cuento que forma parte del libro Mi cabra se comió sus propias patas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s